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La noticia se dio a conocer en la tarde del 25 de junio. El papa León XIV, a través de la Limosnería Apostólica, ha enviado una primera ayuda de emergencia a Venezuela, afectada por fuertes movimientos sísmicos durante la noche. La aportación, que asciende a 100.000 euros, fue acordada tras las consultas realizadas con el nuncio apostólico en el país, monseñor Alberto Ortega Martín, arzobispo titular de Midila, y con el arzobispo de Caracas, monseñor Raúl Biord Castillo.

La Santa Sede ha señalado que continuará siguiendo de cerca la evolución de la situación y las necesidades de la población venezolana, con el propósito de ofrecer nuevas ayudas en coordinación con la Iglesia local.

Según los informes disponibles, el estado de La Guaira es la zona más afectada por el terremoto. Así lo confirmó la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, al declarar el estado de emergencia nacional tras los dos fuertes seísmos, de magnitud 7,2 y 7,5, que sacudieron el noroeste del país.

Las autoridades informaron que, hasta el momento, al menos 164 personas han fallecido y 971 han resultado heridas. Sin embargo, advirtieron que la cifra de víctimas podría aumentar a medida que continúen las labores de búsqueda y rescate.

La situación en La Guaira

La situación más crítica se registra en el estado costero de La Guaira, calificado por Rodríguez como una «zona catastrófica». Según las autoridades, decenas de edificios se han derrumbado y continúan las intensas operaciones para localizar sobrevivientes bajo los escombros.

También se han reportado daños significativos en Caracas, donde bomberos y cuerpos de seguridad trabajan en las áreas afectadas. Las sacudidas se sintieron igualmente en Colombia y fueron seguidas por al menos veinte réplicas de menor intensidad.

De acuerdo con el Servicio Geológico de los Estados Unidos, el epicentro del seísmo se localizó a unos 28 kilómetros al noroeste de Montalbán, a una profundidad de 13,2 kilómetros. En las primeras horas posteriores al terremoto, las autoridades habían confirmado cuatro fallecidos en las afueras de Caracas, entre Baruta y Los Salias, antes de que se actualizara el balance nacional.

La respuesta de la Iglesia

Desde las primeras horas posteriores al desastre, la Iglesia se ha movilizado para atender a los afectados.

«Estamos haciendo lo que siempre hemos hecho en momentos de crisis: abrir nuestras puertas, acompañar a quienes lo han perdido todo y llevar esperanza allí donde se ha extendido el miedo», declaró Marco Mencaglia, director de proyectos de Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACS) Internacional. Asimismo, aseguró que la fundación continuará acompañando a las comunidades afectadas «con nuestra ayuda y nuestras oraciones».

Por su parte, Caritas Internationalis anunció una contribución adicional de 100.000 euros para la ayuda de emergencia, en coordinación con Cáritas Venezuela y su red de aproximadamente 30.000 voluntarios.

Tras visitar las zonas afectadas, el arzobispo de Caracas, monseñor Raúl Biord Castillo, informó que numerosas parroquias presentan graves daños estructurales. A ello se suman la catedral y alrededor de doce iglesias que también han sufrido importantes deterioros.

«Muchas parroquias han acogido a personas para que pudieran pasar la noche en sus instalaciones. Ya hemos puesto en marcha una red de solidaridad a través de las Cáritas parroquiales», explicó el prelado.

Monseñor Biord destacó además que el balance humano pudo haber sido mucho más grave, ya que el terremoto ocurrió en un día festivo. «Si hubiera sido un día laborable, con colegios, oficinas y comercios abiertos, el número de víctimas habría sido mucho mayor», señaló.

Sin embargo, la situación continúa siendo especialmente delicada en la diócesis de La Guaira. Su obispo, monseñor Pablo Modesto González Pérez, describió un panorama preocupante: «Estamos sin electricidad y todos nos hemos visto afectados. En el seminario se han derrumbado muchas paredes».

El prelado añadió que varias iglesias de la diócesis han sufrido daños considerables, mientras la comunidad eclesial continúa trabajando para atender a las víctimas y colaborar en las labores de recuperación.